sábado, agosto 13, 2005

Un fragmento del pasado del paciente..

Y resulta que como casi todos los días sucede: amanece y sale el sol.

Entonces es cuando, sin otro remedio, el paciente se vuelve galante en sus pendencias, altivo en su sutileza y amable en su rencor interno.

Parecería que al mas sabio se le inculca un producto erróneo de una multiplicación, la más sencilla, y que de acuerdo a su personalidad, la aborrece y le corta el cuello con un pedazo de algodón a medio remojar.

En caso de tener puertas, el paciente las abriría a su amada, aquella masa uniforme de bello olor y de curvas nada cerradas, a la que ve cuando ella está de espaldas, a la que habla mientras ella duerme y a la que disfruta mientras ella ve la cartelera en la entrada de un cine.