Un fragmento del pasado del paciente..
Y resulta que como casi todos los días sucede: amanece y sale el sol.
Entonces es cuando, sin otro remedio, el paciente se vuelve galante en sus pendencias, altivo en su sutileza y amable en su rencor interno.
Parecería que al mas sabio se le inculca un producto erróneo de una multiplicación, la más sencilla, y que de acuerdo a su personalidad, la aborrece y le corta el cuello con un pedazo de algodón a medio remojar.
En caso de tener puertas, el paciente las abriría a su amada, aquella masa uniforme de bello olor y de curvas nada cerradas, a la que ve cuando ella está de espaldas, a la que habla mientras ella duerme y a la que disfruta mientras ella ve la cartelera en la entrada de un cine.
Los recuerdos del paciente..
Cuando el paciente prendía su habitual cigarro matutino, una ola de remordimiento azotaba su conciencia, la imagen de su padre sufriendo por las consecuencias de alojar humo en el cuerpo.
Daba dos toques al cigarrillo y después derramaba lágrimas llamadas por el recuerdo de su difunto padre, más bien por el sufrimiento que tuvo antes de morir.
Y reconoció que a su alrededor las mariposas vuelan y a veces se detienen al lado nuestro, uno las espanta y al cabo de poco tiempo vuelven una vez más, si las espantamos de nuevo se van y esta vez ya no regresan.
El compañero del paciente..
Recien se había levantado y había empezado a perder el habla, por un momento pensó que había sido debido a la falta de uso de sus cuerdas vocales, descartó la idea en cuanto su aliento no regresaba, lloraba a sonidos casi mudos su impotencia vocal.
Pensó en llamar al Superior y rendirle pleitesía, pensó en llamar a alguien de confianza, pero su orgullo se lo impedía, sospechó de su orgullo... acaso sería el siguiente en traicionarlo?
Acaso era posible que su orgullo pudiera reclamar personalidad propia y hacerlo caer, como mucha otra gente lo había hecho tiempo atrás?
El aire se volvió frío y lo envolvió, lo quiso tragar con un hocico infernal, con ojos brillantes y con una risa en un tono desconocido para el paciente.
“Vete de aquí, antes de que tu alma empiece a perder color” – se oyó con un tono de odio lastimoso.
El calor regresó a su cuerpo y no volvió a escuchar aquella voz, trataría de obedecer, siempre y cuando supiera el origen de ese susurro de odio.
Aquella voz le traía a la mente el color morado, pero no supo porqué.
Una de las realidades del paciente..
Descuidaba muchas cosas, desde su aspecto, hasta su realidad.
Para él era confuso el simple hecho de mover las manos, su manía persecutoria lo agobiaba en un cuarto de 2 X 2 .
Su simpleza era nula como el área de su nueva vida, su inteligencia vasta como ninguna otra cosa.
Pero nadie se lo aceptaba, era capaz de muchas cosas y sin embargo había tenido miedo para desplazarse hacia otros aires.
Y estaría ahí, ad vitam aeternam.
La ignorancia del paciente..
Podía pasar noches enteras entregado a su misoneísmo, lo que ignoraba es que su falta de voluntad era lo único que lo mantenía en esa nueva vida.
Tenía la convicción de que al cabo de cierto tiempo sería rescatado. Qué equivocado estaba.
Su falta de poder de convencimiento siempre había sido una carga para él, pero se acentuó cuando se percató de su falta de libertad.
Después de todo: ¿Quien necesita algo cuando no le es necesario?
Y seguía repasando su candidez. Una y otra vez, y la tristeza crecía en su alrededor, pero él no se daba cuenta que la oscuridad esperaba cualquier mínimo descuido para engullirlo por completo.
El Paciente..
El paciente respiraba entrecortadamente, cada vez que el aire lo abandonaba se sentaba lentamente en la cama que lo veía morir y ahí aguaradaba hasta que sus pulmones se llenaban de nuevo... así hasta su muerte.